La de los hermanos Venturina es una historia interesante de contar por lo extraña y por lo tierna. La de los viajeros, es una historia que empieza y termina en el mismo punto geográfico, pero que se pasea por buena parte del globo. La de los Venturina es la historia de dos hermanos, que por sangre estaban destinados a no ser hermanos, pero que por amor terminaron siendo familia.
Su historia comienza en Argentina, en la ciudad de La Plata, lugar al que su madre Andrea Venturina llegó desde Santa Fe para estudiar Relaciones Internacionales y donde se recibió con uno de los mejores promedios de su generación.
Andrea fue siempre muy aplicada y se dedicó de lleno a su carrera, pero no solamente destacó por su contracción al estudio, sino también por su curiosidad insaciable que la llevó a estudiar italiano (el idioma de su abuelo Filipo), inglés, alemán y hebreo.
Su incursión laboral europea la encontró pronto afincada en Roma, desde donde se dedicó de lleno a dos de sus pasiones, viajar y aprender idiomas. En los 12 años que vivió en suelo tano, se dedicó a recorrer el continente y a poner en práctica las lenguas que conocía y también las que con los años aprendió,como el francés, el portugués y el Ruso.
Con tanto trabajo, viajes y estudio, su vida social dejaba mucho que desear y no era lo que se dice, muy agitada. Sus relaciones nunca duraban más que un par de encuentros, y si bien no tenía la necesidad de un hombre a su lado, afloraban en su interior las ganas de ser madre.
Pero con el reloj biológico corriéndola de cerca, la adopción resultó ser una opción en la que ella podría darle todo su amor y su buen pasar a un niño, al que todo eso le hacía falta.
Así fue que se inscribió en cuanta agencia de adopción encontró y a pesar de no contar con un hombre que haga las veces de padre, una de esas agencias consideró que era la mejor opción para Pellegrino, un niño romano de apenas seis meses de edad.
En cuestión de meses, la familia Venturina triplicó su tamaño y el pequeño monoambiente en el centro de Roma, debió mutar de manera casi intempestiva en una casa en las afueras de la capital italiana.
Los hermanos se llevaban apenas meses y su madre se encargó de que los tres hablaran español, italiano y hebreo. También de que coman pastas, falafel y sobre todo, de que tomen mate.
Y así como alguna vez Lionel y Mauro Scaloni recalaron en Estudiantes de La Plata, el destino llevo a Pellegrino y Avner hacia esa la ciudad de las diagonales, donde estudió su mamá y en donde defienden los colores de Santa Paula de Bernal.
Los hermanitos viajeros cruzaron fronteras para estar juntos, hasta donde llegarán, solo lo sabe el destino.


Ya preparé pochoclo y traje la reposera. Dibuje, maestro. Esta peli no me la pierdo por nada.
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